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Los últimos descubrimientos arqueológicos han sido determinantes
para fundamentar la idea de que África es la cuna de la humanidad.
Los arduos estudios e investigaciones valorizan la importancia de
los grandes Reinos e Imperios africanos, a través del legado artístico
que han descubierto. Así, las terracotas de Nok, las murallas de
Zimbabue o los bronces de Benín, por ejemplo, dan una idea del alto
grado de cultura alcanzado.
Los artistas de la prehistoria son los primeros historiadores africanos,
puesto que nos han representado en términos legibles, los estados
progresivos del hombre africano en sus relaciones con el entorno
natural y social.
El pensamiento africano basa su filosofía en que la realidad más
aparente, la mejor, la más importante, es el hombre: la persona.
El hombre no como dominador de la Naturaleza, sino como complemento
de ella. Nadie domina a nadie. Todos cohabitan y la misma Naturaleza
es un elemento más de esta reciprocidad. Por ello los vestidos y
collares, son algo más que elementos decorativos o simples instrumentos
para cubrirse. Los colores y las formas develan un lenguaje que
define, a quien usa estos objetos: collares de esposas de guerreros,
pulseras para recién casadas, diademas de circuncisión o cinturones
de maternidad, ayudan a identificar al portador. Peines, cerámica
o cuchillos para el hogar, piezas de dote y bastones de iniciación,
pueden representar un intento de organizar la vida doméstica y social,
sin dejar ningún cabo suelto.
La artesanía, el arte aplicado a los utensillos domésticos,
es la síntesis de la creatividad a la hora de fabricar los enseres
necesarios para la vida diaria, partiendo de los elementos que
la Naturaleza ofrece en abundancia. Telas de algodón, lino o
las obtenidas a partir de la corteza de árbol, son un primer
ejemplo de ello. La rafia y la paja son otros elementos abundantemente
usados, así como la madera con la que se construye un gran número
de vasijas, empleadas principalmente para la leche.
La artesanía doméstica usa también las calabazas de las más
variadas formas y tamaños como recipientes, en los que la decoración
es un factor importante. El aspecto lúdico aparece en objetos
aparentemente tan simples como pipas, juegos o taburetes, que
prueban lo importante que es para el africano el "ser" y el
"compartir". |
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Las posibilidades económicas de África son enormes, dado su fabuloso
potencial en materias primas, en su conjunto, una de las mayores
del mundo. Todo esto contrasta con una situación económica básicamente
de subsistencia. El núcleo familiar es quien toma carta de protagonista,
a la hora de fijar los distintos roles laborales que cada miembro
deberá desempeñar.
Dentro de la gran variedad de piezas de artesanía africana, encontramos
los distintos objetos que configuran la personalidad de quienes
los utilizan: Cascos y escudos, para los guerreros que cumplen la
función de participar en la defensa del pueblo, cuchillos, lanzas
o instrumentos varios para la caza, pesca o agricultura, son los
exponentes de unas culturas fuertemente enraizadas en la Naturaleza
que las rodea, los cuales, serán los sectores primarios de actividad
que absorberán a la mayoría de la población, incluso ya desde la
infancia. En algunos casos el herrero, desarrollará una actividad
más trascendente, que la simple especialización en el arte de trabajar
el hierro. No en vano, algunas leyendas africanas, presentan a los
herreros, como uno de los primeros seres creados por el Poder Supremo,
que se transformó en hombre.
El descubrimiento y valoración de la cultura y del arte africano
son muy recientes. Las culturas negro-africanas, tan diversas como
los pueblos que componen el mosaico africano, han corrido una suerte
desigual en los últimos siglos: algunas han desaparecido y sólo
hay de ellas preciados vestigios; otras han quedado relegadas y
buena parte siguen vivas en las sociedades actuales.
En los yacimientos de las orillas lacustres en el este de África,
como a lo largo del medio Nilo y en el Sahara, el desarrollo de
esa civilización ha sido datado entre 8.000 y 5.000 años. Su apogeo
y pleno florecimiento se produjo en el transcurso del VII milenio.
Sin duda, los primeros arpones fueron tallados un poco antes, mientras
que el descubrimiento de la alfarería no debe remontarse más allá
de 6.000 años. Esos recipientes de cerámica, no solo son los más
antiguos de África, sino que se cuentan entre las primeras alfarerías
manufacturadas del mundo.
El mundo ha tardado demasiado en reconocer y valorar una cultura
que es el soporte de una civilización, no por distinta, menos válida.
El arte africano fue tildado de primitivo y considerado como un
arte inferior, entendiendo las manifestaciones escultóricas del
África negra como expresiones inacabadas e imperfectas. Debemos
recordar que nos encontramos ante un arte funcional y social, unido
íntimamente a la Naturaleza y con manifestaciones estéticas que
van más allá de los cánones occidentales. Una prueba de ello es
el arte Makonde. Una tradición de este pueblo, originario de la
región de Rovuma, al norte de Mozambique, explica:
"que hace mucho tiempo vivía
una criatura semejante a un hombre que erraba sola por la tierra
y se aburría. Un día tomó un trozo de madera y se puso a esculpirla.
Cansado, se durmió. Por la mañana vio con gran sorpresa que la estatua
vivía y se había convertido en mujer".
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El
arte makonde, tallado en madera de ébano, pretende mostrar la
vida nacida del árbol. El marfil, propio de los países centroafricanos,
es una prueba más de la sutileza artística y el preciosismo
escultórico, de la misma manera que lo son las manifestaciones
en bronce -figura de un Obá, rey de Benín, los bustos de la
tribu Dinka en Sudán realizados en terracota o madera.
La característica que podemos destacar de la cultura africana
y en especial del arte, son su gran riqueza y variedad. Así
encontramos dentro del mismo, una gran cantidad y variedad de
máscaras. El uso de ellas es muy antiguo en la historia de la
humanidad. Muchos pueblos, tanto de los llamados primitivos,
como de los representativos de las grandes civilizaciones de
Oriente y Occidente, hicieron y continúan haciendo elaboradas
y artísticas máscaras hechas de diferentes materiales, utilizadas
en diversas ceremonias religiosas y profanas. Por ejemplo, la
tribu pigmea de Camerún, presenta una máscara confeccionada
con un caparazón de tortuga. |
La máscara se usa en celebraciones y rituales mágico-religiosos,
la cual puede representar una deidad, un antecesor, un personaje
mitológico, algún animal o personaje histórico, pues para el hombre
africano la religión impregna toda la vida, por ello no es posible
establecer claras divisiones entre lo sagrado y lo profano. Así
lo más importante, es la interconexión entre la vida y la práctica
religiosa, lo cual lo expresan en cada actividad que realizan, en
cada pensamiento, en cada sentimiento.
Las máscaras suponen el elemento dinámico del arte. Su concepción
y ejecución dependen del movimiento que se le imprime en las diversas
ocasiones en que es utilizada, en las ceremonias de iniciación,
funerales, etc. Por ello el portador se sentirá poseído por la fuerza
que ella transmite, por el espíritu que contiene. Fuera del ritual
o la ceremonia de que forma parte, la máscara no tiene sentido.
No es fácil tipificar las máscaras, puesto que dependen, incluso
dentro de una misma cultura, de la finalidad que se les quiera dar.
Cada ceremonia y cada momento poseerán su máscara. Ella representa
algo más que una careta o un antifaz. Enmascararse no es para el
africano el equivalente a un ocultamiento, sino el momento privilegiado
en el que se entra en contacto con la divinidad, el camino para
acercarse a Dios, a todas las cosas y a los acontecimientos de cada
día.
"El ojo de la máscara llegó a
la aldea,
el ojo de la máscara es un ojo de sol,
el ojo de la máscara es un ojo de fuego,
el ojo de la máscara es un ojo de lanza,
el ojo de la máscara es un ojo de flecha,
el ojo de la máscara es un ojo de hacha. Es rojo".
Fragmento
de un poema de Iniciación Dogón, Malí.
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