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Santería

La Santería nació en Cuba, traída por los grupos yoruba de la costa occidental del África, recibiendo los mismos el nombre de Lucumíes, término que deriva de la palabra yoruba Lukumie, que es utilizado para nombrar a un nativo de la región de Nigeria. La Santería expresa el respeto por sus dioses, los Orichas y son invocados para los diferentes rituales.

Los Sacerdotes conocidos con el nombre de Santeros, son los guardianes de las tradiciones africanas. Esas tradiciones eran transmitidas oralmente por sus antiguos Sacerdotes y seguidores. Se reunían en célebres agrupaciones, conocidas con el nombre de "Cabildos". Otro método de conservar sus tradiciones era el uso de cuadernos, llamados Libretas. Los cabildos desaparecieron a principios de este siglo, pero sin embargo, las libretas aún son conservadas por los santeros. El aspecto más sobresaliente de la Religión Yoruba es su mitología, encerrando en sus leyendas la fuerza viva de los Orichas.

En suma, la Religión Africana en Cuba, según lo expresa en una crónica personal Esteban Montejo, puede ser resumida de la siguiente manera:

"... Yo conocí dos religiones africanas en las barracas de la Habana, la llamada Congolesa y Lucumí, siendo esta última conocida como la Flor del Ingenio y su diferencia con la Lucumí, estriba en que esta última, podía predecir el futuro, por medio del Diloggún. Estos últimos conocían el misterio, de tal manera, que iniciaban el día con mucha esperanza, mirando al cielo y elevando sus oraciones pidiendo prosperidad. Por ello los Lucumí, estaban donde Usted los esperaba...".

Por lo tanto, como sucedió en toda la América europea, las costumbres de los descendientes africanos solo pudo conservarse a través del respeto por las tradiciones religiosas, las que unieron en sus prácticas las diferentes manifestaciones de una cultura que trajo consigo el bagaje de siglos de vivencias.

Hacia fines del siglo XIX, la Santería había ganado ya muchos devotos entre los pobladores españoles de las áreas caribeñas, en particular Cuba, Puerto Rico y República Dominicana. Hoy las creencias y costumbres de la Santería han llegado a Nueva York y Miami, donde esta religión florece tan poderosamente como en las islas del Caribe.

Así entonces, recorriendo esta parte de la muestra, encontramos distintos paneles representativos de la historia Yoruba, cuadros, altares que reciben el nombre de "canastilleros" y diversas vitrinas conteniendo objetos de la "diáspora cubana".

Las Siete Potencias Africanas:

Recibe el nombre de "siete potencias africanas", al grupo de Orichas compuesto por: Obatalá, Elegguá, Changó, Oggún, Orunlá, Yemayá y Ochún. El creyente sostiene que dentro de este grupo de Orichas, están todos los aspectos de la vida humana. Así por ejemplo:

Obatalá, trae paz y armonía;
Elegguá, abre todas las puertas y aparta los obstáculos;
Changó, tiene el poder sobre los enemigos;
Oggún, dueño del hierro y da empleo a los desempleados;
Orunlá, abre las puertas del presente y del pasado;
Yemayá, dueña de la fertilidad;
Ochún, patrona del oro y de los matrimonios.

Recorriendo los paneles de la exhibición, encontramos los siguientes Orichas:

Changó: Sincretizado con Santa Bárbara. Es la fuerza de la realeza y el poder de lo guerrero. Es uno de los Orichas más culteados ya que simboliza la lucha frente a las injusticias. En la muestra podemos observar además de su panel, su altar, que está expresado por su asiento, es decir el lugar donde místicamente reside la fuerza del mismo, junto a sus atributos, que le pertenecen. Sus elementos son realizados en madera. Su emblema recibe el nombre de Osé.

Oko: Simboliza la tierra, la agricultura y las cosechas. Patrono de los labradores. Es considerado árbitro de las disputas, el juez de los pleitos. Es quien guarda los secretos. Asegura la prosperidad de la tierra y las abejas son sus mensajeras. Es la tierra misma.

Oyá: Sincretizada con la Virgen de la Candelaria. Es de naturaleza guerrera y es protectora de los cementerios y dueña de los mercados. Sus atributos son: una corona en la cual, en su base, se colocan instrumentos de trabajo, pico, pala, etc. Posee nueve manillas de cobre, un hacha, dos espadas y un eluké, que es una especie de plumero. Su tabú son los espejos.

Oggún: Es el dios de la guerra y los metales, es el patrono de todas las cosas metálicas y según el mito yoruba Oggún, enseñó a los hombres a cazar, sus altares se colocan debajo de sus árboles favoritos.

Ochossi: Es arquero y cazador. Proveedor de la comida que necesita la familia. Domina las florestas, los montes y las maniguas. Es el protector, junto con el Oricha Oggún de los asilos, las cárceles y las jaulas.

Ochún: Representa la fuerza de la fecundidad y la reproducción. Sus emblemas son de color amarillo oro y simboliza la energía de las aguas dulces. En la muestra observamos un altar en su honor con sus emblemas tradicionales y la "sopera", lugar donde se instalan sus elementos rituales.

Babalú-Ayé: Protector de las enfermedades, en especial de las afecciones de la piel. Su nombre significa "padre del mundo". Fue rey de Arara, en tierras del Dahomey. Sus ropas son realizadas con sacos de yute.

Olokún: Dueño del Océano. Es misterioso y se lo representa mitad hombre y mitad pez. Encarna al mar en su aspecto aterrador y extraño al hombre. Todas las riquezas del mar, le pertenecen. Es Oricha de los Babalawos, (Sacerdotes de Ifá), y cuando se hace presente en las ceremonias, el Sacerdote se coloca una careta, que son confeccionadas con pasta verde - azul claro, con una boca muy grande abierta.

Yemanjá: Dueña de la vida y de las aguas saladas. Patrona de la ciudad de Abeokutá. En la muestra podemos visualizar un jarrón pintado con su imagen, que es el lugar donde luego de una ceremonia ritual, serán colocados sus emblemas místicos.

Obatalá: Es un Oricha mayor, creador de la tierra y escultor del Ser Humano. Es la deidad pura, dueña de todo lo blanco, de la cabeza, de los pensamientos y de los sueños. Es amante de la paz y la armonía. Sus altares son de gran majestuosidad y es la cabeza de todos los demás Orichas, colocándose siempre por encima de todos. Su receptáculo material es una sopera blanca, que contiene dentro de ella cuatro otás - piedra sagrada -. Posee una campanilla de plata que se llama Adjá. Se adornan sus altares con muñecas vestidas siempre de blanco. En algunas de sus ceremonias se toca un tambor especial, llamado Aposi, que es chico. Son cilíndricos y la piel va sujeta con tacos de madera y produce un sonido agudo. Su mensajero es un Osun, que consiste en la esfinge de un gallito montado sobre una copa de metal, en cuyos bordes cuelgan cascabeles. Representa la vida misma de quien lo recibe. El Osun de Oduduwa, consta de una paloma, en lugar de un gallito, y solamente pueden ser utilizados por los sacerdotes de Ifá, llamados Babalawos.

Un rezo milenario para Obatalá, es el siguiente:

"Obatalá, te imploro que vengas a mi casa, Tú que eres tan grande, tú que todo lo puedes. Bendice y abre mi casa, Bendice y abre mis caminos".

Elegguá: Es el Oricha mayor. Posee las llaves del destino, abre y cierra todas las puertas de la vida. Es portero del monte y la sabana. Es el primero de los guerreros y recibe el nombre de Okana . Ningún Oricha le antecede porque el mismo Olofi (Dios del destino), dijo:

"Siendo tú el más chiquitito y mi mensajero, serás el más grande en la tierra y en el cielo y sin contar contigo, nada será posible".

Es conocido asimismo con el nombre de Echú, y constituye la expresión mística de la inevitable relación entre lo positivo y negativo. Para el pueblo Yoruba, la casa significa el refugio por excelencia, el lugar privilegiado contra los avatares del destino y es por ello que en su misma puerta reside Eleggua, marcando con su presencia la frontera entre dos mundos: el interno, símbolo de la seguridad y el externo, del peligro. Pero no puede haber seguridad, sin peligro; ni sosiego, sin inquietud y por ello, Eleggua - Echú, representa los extremos de los opuestos, que se encuentran continuamente.

Su representación es de forma de cabeza con caracoles incrustados en forma de ojos y boca. Debe estar en contacto con el piso. Su collar recibe el nombre de Matipó y es de color rojo y negro, que representa todos los opuestos: el principio y el fin, la guerra y la tranquilidad, lo uno y lo otro. Está representado por un muñeco de madera, de una sola pieza, que simboliza su presencia en todos los quehaceres de la vida. Pertenece al grupo de Orichas, conocidos como los guerreros, junto con Oggún, Ochosi y Osun. Y, según un viejo Congo:

"Eleggua puede estar en la casa de cualquiera. Eleggua y Oggún están donde quiera, pero Eleggua está, donde menos se lo imagina, en espera de hacer una travesura...Usted está bien con Eleggua y tiene todas las puertas abiertas ..."

Los Tambores Batá:

La música es importante en toda ceremonia religiosa, pues ella es: "el lenguaje de los dioses", marca el ritmo y el sentido de cada pueblo. Los tambores en la Regla de Ocha, reciben el nombre de "Batá" y son tres. Su forma es alargada, confeccionados con el tronco de la palma, ahuecándose y colocando en su interior una semilla que se conoce con el nombre de Agña, simbolizando el "secreto ritual". Se ensamblan sus extremos con parches de cuero de chivo y luego, se cruzan de un extremo al otro cuerdas; en cada extremo se ensartan caracoles o cuentas, produciendo una vibración al momento de su percusión. De esta forma, al sonar un tambor, otro acompaña, produciendo un diálogo de preguntas y respuestas; y así, los más ancianos decían que "el tambor habla". El tambor mayor recibe el nombre de Iya, el mediano recibe el nombre de Itolele y Okonkoló, el más pequeño. Existe un cuarto tambor, que solo es tocado en las ceremonias funerarias, el cual es llamado Itutu.

El musicólogo Fernández Ortiz, los describe de esta forma:

"...los Batá son tambores bimembranófonos, de dos membranas atirantadas, cuya percusión produce su propia sonoridad. Son ambipercusivos, porque se colocan sobre las rodillas del ejecutante o colgados al cuello, y en esta posición son percutidos en ambos parches, a mano limpia. Son de forma clepsídrica, porque su forma externa es como la de los antiguos relojes de agua o arena. Son de caja de madera, porque su caja está hecha de un tronco de un árbol ahuecado ..."

Collares Rituales:

El primer paso ritual en la Iniciación de un Sacerdote llamado Santero, es a través de la entrega de los collares protectores. Están confeccionados por la madrina o Yubbona del iniciado, realizados con cuentas, los mismos son llamados Elekes. El collar representa a su Ángel de la Guarda o Santo por lo cual la madrina, consultará al Babalawo, para que determine el Orisa individual que pertenece al iniciado, a fin de poder confeccionar el correspondiente Eleke. Son preparados por medio de un baño de Omiero, durante siete días, antes de ser entregados al iniciado. Su fundamento es de protección. El collar de iniciación recibe el nombre de Collar de Masso.

Para finalizar en esta parte de la muestra, podemos observar una galería de cuadros, pintados por el artista cubano Alejandro Luis García Chaplé, con distintas expresiones de los Orichas, como así también un cuadro que simboliza la práctica del Congo en los rituales que reciben el nombre de Palo Mayombe. Asimismo, encontramos distintas máscaras que representan la presencia de los ñanigos, grupo étnico cuyo fundamento se basa en el respeto por las Tradiciones y Rituales de Ancestros.

Frente a la Santería el Museo presenta una muestra de pinturas y paneles con fotografias de la cultura afro-americana en Haití, conocida con el nombre de Vodou. Su marca esencial es el respeto por los antepasados, de ahí que en cada casa de los descendientes africanos, hasta el presente, tienen un lugar destinado a sus ancestros.

   
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