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"El
África "múltiple y una" cantará,
con sus diversas lenguas,
en sus innumerables estadios de civilización.
Al amor, germinador de vida, y a la Muerte,
que siempre reinicia su danza cósmica.
A los Dioses, tan imbricados a las culturas Tradiciones
del continente,
y a las Fuerzas ocultas, al acecho e impredecibles.
Y en un mundo paraíso de los animales,
no podían faltar éstos, eternos compañeros o antagonistas
de los hombres.
Así el hombre africano nos revelará su más caro tesoro:
su profundo humanismo, su rostro antiguo y sabio,
a través de proverbios, cantares de cuna, juegos infantiles,
en las pequeñas alegrías del hombre cotidiano o el fasto
de los poderosos,
en sus sentimientos contradictorios, sus angustias existencias,
sus guerras o sus viriles protestas frente a la injusticia
social.
En fin, en la gran aventura del vivir humano. Y no demoro
más,
que ya resuenan las korás y las cítaras,
Ya se aprestan los jóvenes y las doncellas para la justa
poética...
Ya el profundo tam-tam ritma el tiempo africano,
y entra en la arena el Poeta. Callo respetuoso,
pues ante la Vida y la magia del Verbo, es decir,
la Poesía, comparto lo que escribiera hace más de tres mil
años,
un antiguo literato del África profunda:
"¡Pensar que no puedo decir nada nuevo,
que nuestros antepasados no hayan dicho!"
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Discurso de Ankú. 1900 a.n.e.
Rogelio Martínez Furé.
África
es el continente del ritmo. Como lo afirma el poeta senegalés
L.S. Senghor:
"El ritmo es para el africano la arquitectura del ser, la dinámica
interior que le da forma, la pura expresión de la energía vital,
el shock que produce la vibración o fuerza que sensiblemente nos
toma en nuestras raíces y se expresa materialmente a través de
líneas, colores, superficies y formas de la palabra, que la hace
activa, eficaz, hasta el punto de afirmarse que la palabra rítmica
divina creó el mundo", por ello prima el arte poético africano
sobre el plástico, como arte puro y en el poema, el metro es rítmico.
El ritmo es parte integrante de la vida; es a la vez, espiritual
y material.
Pero más importante aún que el ritmo de las palabras es el de
los instrumentos de percusión:
"... el sonido de los tambores es lenguaje preferencial; es la
palabra de los antepasados, quienes hablan a través de aquellos,
fijando los ritmos fundamentales".
Entre el ritmo de la palabra y el ritmo de los tambores existe
una especie de contrapunto; Senghor habla de polirritmia y D.
Dauer de un sistema rítmico, que reflejan al pensamiento africano.
En la poesía enmarcada en la polimetría o en la polirritmia, aparece
como una arquitectura, una fórmula matemática, que se basa en
una unidad dentro de la multiplicidad.
"De modo análogo a los tambores, la poesía forma ritmos secundarios
de lenguaje, - dice Senghor -, que descansan en repeticiones de
formas y sonidos, que fortalecen el efecto de la totalidad, por
eso es incompleta en la mera lectura, si no va acompañada al menos
por un instrumento de percusión".
También la prosa es impulsada por el ritmo. Para el africano,
la música y el ritmo no se diferencia fundamentalmente de la poesía,
que es sólo una prosa más fuerte y regularmente rítmica; la misma
frase puede convertirse en poesía si se acentúa el ritmo y con
ello se expresa la tensión del ser. El ritmo es preponderante
en la música africana.
El músico o el escultor, el artista en una palabra, debe ser especial,
a su habilidad técnica debe unirse un especial respeto que le
prodiga el grupo y la conciencia de estar interpretando o realizando
una obra "casi sagrada" que le convierte muchas veces en oficiante,
más que en ejecutante.
Los africanos se han revelado como auténticos maestros en este
arte. La variedad de técnicas empleadas, es la prueba de la riqueza
de invención y la profundidad de sentimientos.
En las sociedades como la Yoruba de Nigeria o la Akan de Ghana,
los Tamboreros, están obligados a conservar la memoria del grupo.
Entre los yorubas, deben repetir en un día señalado del año, los
nombres y proezas de los "Obás" - reyes -, que han reinado en
el país, en riguroso orden cronológico. En el pasado, el tamborero
que cometiera un error en la recitación, pagaba con su vida. Aseguran
las tradiciones que nunca fue necesario aplicar esta ley.
Entre los Akan se espera que el músico realice también funciones
ajenas a su profesión: puede ser un cantor de alabanzas o un tamborero,
cuya obligación sea recitar las genealogías o actuar como cronista.
Un buen cantante deberá ser, además, poeta en cierto modo, alguien
con suficiente habilidad para improvisar versos apropiados, en
cualquier momento.
El hombre ha sentido siempre la necesidad de exteriorizar, a través
de la música, su estado de ánimo en los momentos más importantes
de su vida. Su imaginación le ha llevado a crear innumerables
instrumentos con materiales extraídos de los elementos que le
rodean.
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Entre
ellos encontramos los llamados "idiófonos", cuyo sonido
se obtiene por frotación, golpe o sacudida. El sansa o piano
de mano, el balafón de láminas de madera, y diversos tipos
de cascabeles metálicos o vegetales, son una muestra de
los mismos, considerados los más elementales y primarios.
CASCABEL
VEGETAL
Instrumento musical cuyo sonido se obtiene por golpe o sacudida
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En los instrumentos llamados de "membrana" o también de "percusión",
el sonido se obtiene al golpear una membrana aplicada sobre una
caja de resonancia. De reducido tamaño para llevar colgando del
brazo o de grandes proporciones, el tambor o tam-tam, se ha convertido
a menudo en el símbolo de la música africana. La variedad de cajas
de resonancia es múltiple: calabazas, caparazones de tortuga,
cajas de madera, entre ellas.
Los instrumentos de viento, se exponen bajo múltiples variantes:
flautas, ocarinas, pitos o tubas construidos en madera, cuerno,
cerámica o semillas de gran tamaño.
Finalmente los instrumentos de cuerda, abarcan un amplio espectro
que va desde la kora senegalesa de 21 cuerdas, al violín monocorde,
pasando por el mvent del pueblo fang de Guinea, con cuerdas obtenidas
de la misma fibra de la caña que forma el elemento sustentante
del instrumento.
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Músico
ejecutando una de las tantas variedades de los instrumentos
de cuerda. Kenya. "The Cambridge Encyclopedia of África".
Cambridge University Press Cambridge London. Museo Afro-Argentino.
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La Danza
Si hay algo característico del africano, es la danza. Se manifiesta
ya desde niño, apenas consigue moverse sobre sus pies, utiliza
toda oportunidad para seguir danzando como sus antepasados. Es
un lenguaje que lo religa con la totalidad y lo eterno, lo ayuda
a superar angustias, preocupaciones y temores, por ello puede
danzar horas sin fatigarse y terminar fresco, porque se ha revitalizado
con la energía de sus antepasados. La danza africana articula
como ningún otro lenguaje, todos los aspectos de la vida, su religiosidad
y los hechos más importantes de su historia.
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La
danza de las muchachas, que puede durar hasta bien entrada
la noche, es acompañada de cánticos de las mujeres. "Corazón
de África. La magia de un continente". Köneman. Museo Afro-Argentino. |
Según J. Jahn:
"Las danzas religiosas de los yorubas, son para ellos algo más
que ballets, porque en ellas siempre interviene el canto y en
algunos casos, la poesía del cántico es como una parábola mitológica".
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